MATEMONOS ENTRE TODOS O RECONOZCAMOS EL FRACASO – Por Marcos Chechuyka*

Hora 60

«El problema en Argentina es que están demasiado enfrentados», expresó el exmandatario Pepe Mujica. En la misma línea, el periodista del The New York Times (quien entrevistó a Cristina Kirchner cuando nadie lo conseguía) asevera en el documental Nisman: el fiscal, la presidenta y el espía, que «Argentina es un país donde no se ponen de acuerdo en nada».

Las declaraciones de estos extranjeros no son novedad. El propio San Martín, cuando se le ofreció la Gobernación de las Provincias Unidas, la rechazó con las siguientes palabras: «Ahora bien, partiendo del principio que es absolutamente necesario el que desaparezca uno de los partidos contendientes, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública. ¿Será posible sea yo el escogido para ser el verdugo de mis conciudadanos, y cual otro Sila, cubra mi patria de proscripciones? No, jamás, jamás, mil veces preferiría correr y envolverme en los males que la amenazan que ser yo instrumento de tamaños horrores; por otra parte, después del carácter sanguinario con que se han pronunciado los partidos, me sería permitido por el que quedase victorioso, usar de una clemencia necesaria y me vería obligado a ser agente del furor de pasiones exaltadas que no consultan otro principio que el de la venganza».

Hoy, como ayer, el país que tardó 4 décadas en tener una Constitución vuelve a estar en crisis. Buen momento para pensar el fracaso de la Nación, cuya definición es «Conjunto de personas de un mismo origen étnico que comparten vínculos históricos, culturales, religiosos, etc., tienen conciencia de pertenecer a un mismo pueblo o comunidad, y generalmente hablan el mismo idioma y comparten un territorio».

¿Existe algún tipo de pertenencia en nosotros? ¿Algo que nos ponga a la misma altura?

¿Será maldita esta tierra donde una facción no pudo erradicar a la otra? ¿Será que lo que faltó, increíblemente, es sangre?

A esta altura, hoy en la argentina no se puede dialogar y, por ende, tampoco construir. Solo nos queda el conflicto y el desagravio de todo tipo, la supervivencia, la incoherencia. No solo la clase política, empresarial y sindical es incapaz de lograr consensos básicos, los propios ciudadanos desconocemos estos conceptos en la cotidianidad, hemos perdido cualquier tipo de noción de convivencia.

El resultado es un país virtual o, mejor dicho, muchos. La Nación se ha vuelto un concepto ultrajado que cada facción utiliza a su favor de forma oportunista. Sin ir más lejos, en pleno 2020 se discute quién o qué es Pueblo.

«Serás lo que debas ser o no serás nada», sentenció José de San Martín quien murió en el exilio, al igual que otros tantos patriotas, vaya particularidad.

Pero, ¿A quién le importa? Si nuestra falta de identidad nos hace descuartizar la historia y dejar que cada uno forme a sus propios próceres, olvidando lo que conviene y resaltando lo que beneficia a las circunstancias. En fin, que fueron hombres, que fueron argentinos, que son nuestros. Pero en eso estamos, algunos con Perón, otros con Sarmiento, algunos con Dorrego, otros con Lavalle, unos con Rosas, otros con Urquiza, formando muchas veces lecturas históricas forzadas que no condicen con la realidad y, mucho menos, contribuyen a un sentir de hermandad nacional. Quizá, reconocer nuestra derrota como proyecto de Nación sea un buen punto de partida, pero ese sentir está lejos de ser común. Lo que queda… La nada, la inacción eterna en la que se agreden las partes hasta el hartazgo sin nunca aniquilarse y siempre sufriendo.

*Periodista y escritor

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