EL DESAFIO DE SAN FERNANDO: NO CONVERTIRSE EN SAN ISIDRO

Hora 60

El traspaso del mando de Luis a su hijo Juan Andreotti es garantía de la continuidad de una exitosa gestión. Sin embargo, las formas políticas, la importancia del apellido y la falta de voluntad de recambio pueden ser factores que dibujen la idea de perpetuidad en el poder de una misma familia, como sucede con los Posse en San Isidro.

Sin lugar a dudas que la revolución del andreottismo de la mano de la gestión conducida por Luis fue el valor más importante para los vecinos. En ese sentido, desde el 2011 al 2019, San Fernando pasó de ser el famoso poso entre San Isidro y Tigre a convertirse en un lugar de relevancia para la Región.

En ese sentido, la elección de Juan Andreotti como sucesor de su padre garantiza la misma política (hay quienes dicen Juan al gobierno, Luis al poder). Eso sí, la constitución de la idea del vecinalismo, la exagerada ponderación del apellido-marca y la falta de confianza en otro nombre propio empiezan a ser factores a tener presentes para el futuro, con una mirada preocupante.

Es que cualquiera que analice la situación debe mirarlo con suma atención. Ningún proyecto que se constituya desde la idea hereditaria termina bien. El fiel reflejo de eso lo expone San Isidro. El traspaso de Melchor a Gustavo Posse (quien no debía ser el sucesor del intendente, su lugar era para el fallecido hermano) dejó para los vecinos solamente una marca. Ya no hay gestión, no se planifica para los vecinos y solamente queda la consolidación del poder desde la solidez de la marca.

En esta línea, en las filas internas de San Isidro piensan en la constitución de algún nieto de Melchor como posible candidato futuro para la preservación de la marca (una real locura que extendería a una familia en el poder por más de 30 años). Cosa que puede interpretarse en San Fernando de cara a las elecciones 2021-2023. Solamente el apellido Andreotti fue lo que le permitió a Juan ser hoy el intendente. Como se manifestó, su presencia garantiza una gestión exitosa porque la ayuda de su padre será un factor determinante para acompañar al joven político en sus primeros pasos.

Pero debe quedar claro que no es este un camino correcto. Las comunidades presentan exigencias a problemas nuevos y no se puede quedar con la idea que el apellido o la marca alcanza para esto. Andreotti hijo tendrá el desafío de solucionar esos problemas nuevos, pero Andreotti padre tendrá que pensar en el futuro como consolidar un proyecto político que sea confiable y que supere simplemente un apellido. Tendrá dos años para pensarlo, cuatro para consolidarlo y un buen tiempo más para trabajarlo. Caso contrario, terminará como los Posse en San Isidro: algo no recomendable.

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