LOS HUEVOS DEL PERRO – Por Gabriel Bosso

Hora 60

Ya sea por nuestra posición en la geografía mundial o por nuestra falta de capacidad resolutiva frente a sucesos que se repiten a diario, siempre pero siempre, corremos la carrera desde atrás y lejos. Incluso solemos empezar a mover las piernas después de que ya sonó la chicharra de largada. Nunca pero nunca podemos estar al frente de nada, salvo de lo que no resolvemos. Cosas que el mundo civilizado ya resolvió.

Dicen por ahí que no hay peor ciego que el que no quiere ver. La RAE (Real Academia Española) define ciego como: privado de la vista. En esta loca Argentina que nos toca vivir, no logro identificar si nos falta vista, o visión, o ambas. Creo que son ambas.

Teníamos en nuestro poder ser referentes en el combate contra el Covid-19. Aprender de lo que le sucedió a otros y lograr que nuestra curva de contagio no sea exacerbada ni caótica. Ayudar al sistema sanitario. Pero una vez más la política, sin vista o visión o, simplemente porque no les importa un carajo, toma esas decisiones raras que podrían ser buenas en otro contexto social, cultural y económico. Es correcto que el aislamiento es hoy el arma más letal contra la propagación del virus, pero no podemos. Todo un gobierno dedicado a solo ese tema. Tenemos un solo asunto en la agenda. Nada más. ¿Y el resto qué? La inflación vuela por los aires, la inseguridad sigue su curso, la educación suspendida y el ciudadano común haciendo filas en los cajeros creyendo que no se va a contagiar. Somos incapaces de seguir una orden. Somos desacatados.

Todos contentos porque hay, para algunos, dinero. Un «bonito» paliativo. ¿Y los que estan fuera de este círculo de siempre recibir mana del cielo? Lo que queda de la clase media, pymes, comerciantes, ¿qué beneficio obtienen de todo esto? Ninguno. ¡Viva el presidente! Nos conformamos con nada. Espejitos de colores. Ciegos de la realidad.

¿Qué va a pasar cuando todo esto termine?

Ojalá algún día dejemos de ser como los huevos del perro, tambaleándose en el fondo y seamos cabeza… o por lo menos que la cabeza la empecemos a usar.

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