LOS 29 DE MAYO TAMBIÉN DEBERÍAMOS USAR ESCARAPELA – * Por Nestor Moccia

Hora 60

Este 29 de Mayo se cumplen 50 años del Cordobazo. Una pueblada que marcó a la Argentina de los 70, precedida y continuada por hechos de igual magnitud en distintas provincias, pero que tuvo el carácter de bisagra político/social y fue mucho más que un revulsivo o la causante de la agonía final del dictador de turno, el General Juan Carlos Onganía.

Como suele pasar con estas fechas, o nos quedamos con lo épico cargando las tintas en el mito o reducimos todo a la voluntad de unos pocos. De esta forma perdemos de vista el contexto determinante e ignoramos la potencia de lo colectivo como motor del cambio.

Y si hablamos de contexto hay algunos elementos que no podemos ignorar: la existencia de una dictadura salvaje, que si bien no llegó a desplegar el aparato genocida que años después impusieron Videla y las juntas, sin dudas fue un antecedente que ya contenía el huevo de la serpiente.

Onganía representaba la sumisión absoluta a un modelo económico transnacionalizado que necesitaba iniciar el desmantelamiento de un Estado Nacional activo, que al calor del modelo de sustitución de importaciones de post guerra había generado un proceso de industrialización nacional local que -aunque limitado- era un escollo para sus intereses.

Por eso el régimen apuntaba a restringir las libertades civiles, a recortar los derechos laborales y a destruir la educación pública (en especial la universitaria) que se había convertido en espacio de creación, investigación y desarrollo independiente.

El ataque a los convenios colectivos, el recorte del poder adquisitivo y la búsqueda denodada de acabar, o al menos disciplinar, a gremios y sindicatos, era una tarea que los militares de aquellos tiempos asumieron como tareas patrióticas pero que estaban en línea con los deseos de los Estados Unidos y las grandes corporaciones presentes en el país.

En lo político había un telón de fondo determinante: la proscripción del peronismo, y el exilio del máximo líder popular de aquellos días, Juan Perón, representante en el imaginario colectivo de un modelo económico y social virtuoso e inclusivo. De esta manera, una parte importante del pueblo se sentía (y era) perseguido, dejado de lado; y este sentimiento se acrecentaba cuando repetidamente se le negaba violentamente el acceso democrático al poder.

Estos elementos, a los que se sumó la influencia de la revolución Cubana, las ideas del Che, el Mayo Francés, y un mundo turbulento, pleno de revoluciones anticoloniales, fueron el contexto necesario para que el Cordobazo estallara del modo en que lo hizo y en el lugar donde se dio.

La Córdoba industrial de aquellos días era un hervidero de ideas, gremios y dirigentes; con una masa de obreros y de estudiantes sedientos de cambios sociales y políticos profundos. En lo concreto eran miles de personas cansadas de una dirigencia negociadora y hartas de la prepotencia militar.

Tener en claro estas cuestiones, creo que son centrales para poder analizar lo acontecido hace cinco décadas atrás y comprender su alcance presente.

Hay grandes acontecimientos históricos que son únicos e irrepetibles: La Revolución de Mayo, el 17 de Octubre y también el Cordobazo son hitos surgidos de la fragua de su tiempo y moldeados por los hombres y mujeres que los hicieron posibles. Pero su singularidad no es obstáculo para sacar de esas experiencias algunas enseñanzas valiosas.

La primera es que no es posible retar ni conmover al poder sin apuntar alto. Las minorías intensas son atractivas y ruidosas, pero las mayorías son incontenibles y de su fuerza surgen los cambios duraderos.

La segunda es que esas mayorías se construyen con unidad. Agustín Tosco, Elpidio Torres, Atilio López, los obreros de SITRAC÷SITRAM o René Salamanca, tenían muchos puntos de fricción, pero también tenían acuerdos comunes en cuanto a que la dictadura militar, y Onganía en particular, eran los enemigos principales del pueblo argentino. Fue esa visión estratégica compartida la que sirvió para canalizar la fuerza acumulada y dar vuelta una situación que parecía estancada.

La tercera fue la diversidad, que no solo implicaba la unidad de sus dirigentes, sino que se expresaba en las calles de Córdoba reuniendo a obreros y obreras con estudiantes, docentes universitarios, empleados y empleadas del estado o del comercio. Gente de a pie, pueblo en ebullición y bronca porque había visto perder de a poco su calidad de vida, su salario, sus conquistas, sus derechos. Ayer y hoy, en la base de cualquier explosión, se encuentra el deterioro de las condiciones de vida individuales y colectivas.

La cuarta es la influencia del contexto internacional que en ese momento traía vientos de cambio, radicalmente positivos tanto a nivel países como a nivel de partidos, movimientos sociales y centralmente en el campo de las ideas.

La quinta es que no hay salida sin alternativa política. Quienes vivieron esa época abrazaron con fuerza distintos caminos. No es objeto de esta breve reseña del Cordobazo adentrarnos en ellos. Solo diremos que reivindicamos a todas y cada una de las opciones que se llevaron hasta el final, aún corriendo riesgo de vida.

Pero lo que si es necesario reafirmar es que varias de las causas que dieron surgimiento a semejante movimiento siguen latentes; porque la pobreza -en todas sus facetas- es la consecuencia directa de haber ganado aquella batalla pero haber perdido la guerra. Sabemos que no es grato afirmar esto, pero la única verdad es la realidad.

La transformación regresiva de la sociedad que siguió a esas décadas nos han llevado al país de hoy. Logramos construir entre todes intentos diversos desde la recuperación de la democracia hasta acá, pero evidentemente no han sido suficientes. En un país hecho de pan 4 de cada 10 niñxs pasan hambre. El Cordobazo y sus enseñanzas tienen que servirnos para no cometer los mismos errores y encontrar una salida a la situación actual.

Pueblo organizado, unidad hasta que duela, diversidad y disposición a no perder la calle construyendo la alternativa política que nos debemos, junto a una Latinoamérica unida, esos son nuestros compromisos y la mejor forma de honrar hoy la memoria del Cordobazo.

 

 

*Nestor Moccia, Dirigente Nacional de SOMOS.

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