A SEIS AÑOS DE LA ELECCIÓN DE FRANCISCO

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Se cumplen seis años del día en que la Capilla Sixtina anunciaba que Jorge Bergoglio sería el nuevo Papa. Un pontificado lleno de amor, humildad y sacrificio.

A Francisco le toco asumir la conducción de la Santa Sede en un mundo complejo, donde se destacan las mezquindades, las guerras y las injusticias.

Pero su pontificado intenta, con mucha humildad y amor, imponerle al mundo otra visión. Francisco intenta poder darle al mundo una visión más humanitaria, a favor de la paz, el dialogo y la tolerancia.

El Papa Francisco es amado por el mundo, y por los jóvenes fundamentalmente. Es respetado por todos los líderes mundiales, y criticado por mezquinos y avaros.

Como dice el texto de la Conferencia Episcopal Argentina con motivo de los seis años de la elección de Francisco, el Papa “posee una mirada que va más allá de lo inmediato y sabe decir una palabra iluminadora frente a muros que muchas veces nos detienen”.

No vacilo en levantar la voz en defensa de los que más sufren en un mundo cada vez más injusto, pidió racionalidad y bondad, defendió la paz y el dialogo y le puso el cuerpo a momentos cruciales.

Puso alegría en la Iglesia, la alegría del Evangelio, porque en definitiva nos invitó a volver la mirada a lo esencial: el Padre Dios que nos ama, el Cristo vivo que nos salva desde su ejemplo aportar paz y mansedumbre” dice el documento de la CEA.

Sin lugar a dudas el pontificado de Francisco llena de orgullo a propios y extraños, que a pesar de algunos desacuerdos que algunos puedan surgir, no deja de ser admirado por su humildad, por su amor por los pobres y los más necesitados.

Es un Papa que no esquivo los retos de la etapa, que está dispuesto a dar todas las discusiones que tenga que dar, y que acerco a millones de fieles en el mundo nuevamente a la Iglesia Católica.

Sin lugar a duda, Francisco es parte de la historia grande de la Iglesia Católica.

Texto completo de la Conferencia Episcopal Argentina:

Francisco: «Tú eres Pedro»

Hoy, 13 de marzo, celebramos el sexto aniversario de la elección del papa Francisco y es la ocasión para dar gracias a Dios por lo que nos ha regalado en él. Hablar del Papa, después de Jesús y la Virgen, toca la médula de la Iglesia católica peregrina. Falta poco para que los obispos viajemos a Roma a la tradicional visita, y en nuestro Jorge Bergoglio iremos a ver a Pedro.

Nos admira reconocer en su persona una austeridad ejemplar, una laboriosidad incansable, disponibilidad constante, muchos detalles y delicadezas con tantas personas y situaciones que afloran en su memoria espontáneamente. Nos contagia su paz y fortaleza en medio de grandes desafíos, como el doloroso drama de los abusos. Posee una mirada que va más allá de lo inmediato y sabe decir una palabra iluminadora frente a muros que muchas veces nos detienen. Sabe innovar con audacia sin descuidar el respeto por las personas.

Sus enseñanzas se encarnaron en tantos gestos y palabras que no dejan de conmovernos, ya desde aquel primer viaje fuera de Roma a la isla de Lampedusa, cuando abrazó la humanidad “descartada” de los migrantes africanos, sobrevivientes del Mediterráneo. Esta opción por los más pobres se plasmó en diversas obras de misericordia como en los cordiales almuerzos con los indigentes de Roma; o acudiendo a las cárceles, hogares de rehabilitación y a tantas periferias existenciales, que son una prioridad en sus viajes misioneros.

Como referente mundial propuso un diálogo claro, manso, confiado y prudente, acercando a los interlocutores más diversos. Puso alegría en la Iglesia, la alegría del Evangelio, porque en definitiva nos invitó a volver la mirada a lo esencial: el Padre Dios que nos ama, el Cristo vivo que nos salva. Nos sumergió en el gran río de la misericordia y renovó el entusiasmo misionero del Espíritu Santo. No podemos dejar de decir que todo esto se da en un Papa bien argentino, con su picardía, buen humor, chispa y salidas que lo identifican, inventando palabras o frases a cada rato.

Frente a la audacia de sus sueños y deseos, muchas veces nos quedamos cortos, sencillamente, porque nos cuesta seguirle el paso.

Imaginamos el gozo que tuvo Francisco cuando decidió la canonización del Santo Cura Brochero, la beatificación de Mama Antula y la de los Mártires Riojanos. En nuestro próximo encuentro con él, le propondremos una vez más, que no se prive de la alegría de visitarnos.

¡No nos olvidemos de rezar por él!

Conferencia Episcopal Argentina

117° Asamblea Plenaria.

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